Lectores

martes, 4 de septiembre de 2007

Tránsito al fin.

La puerta puede abrirse,
puede entrar el ladrido del perro,
sin que necesitemos saber nada.
Mientras no entre el viento en nosotros
cuando tenemos 10s ojos viajando entre 10s muebles
de la diversidad de 10s miedos de cada muerto,
podemos reir entre la espuma de lo oscuro.
La seguridad del que abre su vestido privado
dejando mostrar las hueilas blancas de 10s delirios,
con un poco de fuerza se logra concentrar la ceniza invisible,
la sombra, mi muerte particular.
Piedras en la mirada, ya solido su silencio,
pasos de las manos solas en el cuerpo.
Es asi como amamos el aire de la estatua,
el aire que nos empuja a la vejez.
El hombre camina a una habitaci6n semejante
y se coloca el traje que le conduce para siempre.

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