Están redimiendo el cobre
con las virtudes del fuego.
De alli va a
salir hermoso
como nunca se lo vieron
las piedras que eran sus madres
y el que lo befó por necio.
Suba el Padre Cobre, suba,
que naciste
para el fuego
y te pareces a él
en el fervor de tu pecho.
Todavía,
todavía
no confiesas el secreto
del amor y de la fiebre
que está en
tus piedras gimiendo.
Nadie te habrá dicho hermoso,
porque el pecho no
te vieron.
Día a día te volviste
la pobre piedra quedada,
la pobre
piedra que duerme
y dura y odia la llama
y eres, ya, todos tus muertos
antes de ser sepultada.
Helados, llanto y sonrisa,
la oración y la
palabra,
el amanecer la siesta
y la oración no arribada.
Ya
es lo mismo, ya es igual
la mudez que la palabra
martes, 4 de septiembre de 2007
COBRE
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