¿Qué será de nosotros, ahora? NOS sorprendió esa noche, para
siempre en el bosque
infundiéndonos el sueño de la herrumbre del pozo o reencontramos
en la tarde el buen camino familiar
y se nos hizo un poco tarde en el jardin un poco noche junto al
invernadero
las narices, las manos empavonadas de bosque, las manos maculadas
de herrumbre del brocal, el escozor en las orejas flagrantes,
el cuerpo del delito pegado a las orejas:
la picadura, el rastro de un insecto benigno?
¿0 nos perdimos, realmente, en el bosque? Esto podría ser como
El claro del sueño:
nuestra presencia en la que no se repara si no como se admite el
recuerdo agridulce de los niños
bien entrada la noche, cuando en una penosa reunión familiar todo
el mundo se ha esforzado en vano
por retenerlo arriba, en la clausurada pieza de juegos. Porque algo nos
diría sin duda
este jardín me habla si estuvieramos despiertos; pero entre él y
nosotros (nos hemos entregado
a nuestra edad real como a una falsa evidencia)
se levantan los años empavonados del aire que entra al invernadero
lleno de vidrios rotos
vidriándonos la noche de un bosque inexpugnable.
lunes, 3 de septiembre de 2007
Invernadero
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