En ti, criatura, se saciaron
los eternos sìmbolos de la creaciòn:
No faltò la piel suave ni el ojo brillante,
ni la soltura del torso
recargado de atractivos inconscientes
que se escapan sin pagar.
Y en torno, los deseos, abrumados de sueño,
empecinados, como yeso embrutecido
de salvajes escultores que moldean
hasta las miradas tristes de tu carne ardiente.
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