Lectores

lunes, 3 de septiembre de 2007

Pureza.

En ti, criatura, se saciaron
los eternos sìmbolos de la creaciòn:

No faltò la piel suave ni el ojo brillante,
ni la soltura del torso
recargado de atractivos inconscientes
que se escapan sin pagar.

Y en torno, los deseos, abrumados de sueño,
empecinados, como yeso embrutecido
de salvajes escultores que moldean
hasta las miradas tristes de tu carne ardiente.

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